Según los científicos que han analizado su estado global, el declive de estos reptiles, cuyos ancestros caminaron con los dinosaurios, tendrá graves consecuencias ecológicas.

Las tortugas sobrevivieron a los dinosaurios y han vagado por la Tierra durante más de 200 millones de años. Pero en la actualidad, estos longevos reptiles se encuentran entre los animales más amenazados de la Tierra, por delante de las aves, los mamíferos, los peces o incluso los anfibios.

La destrucción de su hábitat, la sobreexplotación de estos animales como mascotas, las enfermedades y el cambio climático son algunas de las razones que les han llevado a esta situación extrema en todo el mundo. ¿Pero qué perderíamos si desaparecieran todas las tortugas?

En un estudio, publicado en la revista Bioscience, un equipo de científicos estadounidense ofrece la primera síntesis de las consecuencias ecológicas de la continua disminución y extinción de especies de tortugas y muestra los diversos roles que cada una de ellas aportan a los ecosistemas, como mantener sanas las redes alimentarias, dispersar semillas o crear hábitats necesarios para otras especies.

“Nuestro propósito ha sido informar al público de los muchos roles ecológicos esenciales que las tortugas realizan a escala global y concienciar sobre la difícil situación de estos animales emblemáticos”, explica, Whit Gibbons, profesor emérito de Ecología de la Universidad de Georgia (EE UU) y coautor del estudio.

Según los científicos, las tortugas contribuyen a la salud de muchos ambientes, como los desiertos, los humedales, los entornos de agua dulce y los ecosistemas marinos. “Su declive puede tener efectos negativos en otras especies, incluidos los humanos, que pueden no ser visibles ahora”, indica Jeffrey Lovich, científico del Servicio Geológico de EE UU y autor principal.

Impacto en el ecosistema

Las tortugas pueden ser herbívoras, omnívoras o incluso carnívoras, por eso desempeñan importantes funciones en las cadenas alimentarias. Sus hábitos de alimentación influyen en la estructura de otras comunidades con las que comparten el hábitat, sobre todo si las poblaciones son muy numerosas. Las grandes masas de tortugas y sus huevos son alimento para otros animales.

Por otra parte, algunas especies de tortugas pueden ser los principales agentes de dispersión de semillas para ciertas plantas, ya que no todas las semillas son destruidas por el tracto digestivo.

Además, si desaparecieran tortugas como la del desierto de Agassiz en el suroeste de EE UU y la tortuga Gopher en el sureste del país, ciertas arañas, serpientes, anfibios, conejos, zorros, u otros reptiles, no tendrían ‘hogar’. Estas especies cavan grandes madrigueras moviendo importantes montículos de tierra que son reutilizados por otros animales o plantas.

“La importancia ecológica de las tortugas, especialmente las de agua dulce, está poco valorada, y en general poco estudiada por los ecologistas”, recalca Josh Ennen, investigador del Tennessee Aquarium Conservation Institute. “La alarmante tasa de desaparición de las tortugas podría afectar profundamente al funcionamiento de los ecosistemas y a la estructura de las comunidades biológicas en todo el mundo”, concluye. Fuente : El Espectador.

 

El guacamayo Spix que dio vida a Blu, fue declarado extinto en el estado silvestre según una investigación sobre animales en extinción

En Brasil, la esperanza del guacamayo azul Blu, protagonista de Río, se ha extinguido, junto con la ilusión de verlo volar en libertad. La película Río y su continuación se realizaron para alertar la deforestación de la selva amazónica y el peligro de extinción que corrían las aves.

Si en la primera película Río acompañamos a Blu, un arara spix, en su viaje para encontrar a Jewl, la última hembra de su especie, no podremos verlos en la selva de Brasil tal como lo anuncia el segundo filme.

El filme fue creado precisamente para advertir del peligro que corrían los ecosistemas y como este podía acabar con animales como Blu, el guacamayo azul. Esta también buscaba llevar a los niños la idea de que se debía proteger el medioambiente.

A pesar de este esfuerzo, ya no nacerán nuevos guacamayos Spix en su hábitad natural. El final feliz de las películas, que auguraba la continuidad de la especie, está muy lejos de la realidad. Un estudio sobre especies en extinción, realizado por la organización Birdlife Internacional, determinó que la especie de guacamayo azul se habría extinguido de la naturaleza.

Según la organización, algunas aves de esa especie sobreviven en estado de cautiverio. El guacamayo azul, especie que solo vive enBrasil, sería uno de los ocho pájaros que se habrían extinguido.

“Un 90% de las extinciones de las aves en el último siglo ha sido especies en islas. (...) Sin embargo, nuestros resultados confirman que hay una alta ola de extinción arrasando en los continentes, causados principalmente por pérdida de hábitat, agricultura no sustentable y deforestación”, indicó el Dr. Stuart Butchart, científico jefe de BirdLife y autor principal del estudio.

Existen algunos ejemplares de plumaje azul, pero están en cautiverio. Ya no vuelan por la selva brasileña, que era su hábitat natural. El último registro de un guacamayo Spix visto en libertad data del  año 2000.

Birdlife International indicó que de las ocho especies, cuatro son propias de Brasil. Las demás también son de Sudamérica. Otra especie extinta sería el Ticotico críptico, cuyos últimos ejemplares existirían en dos selvas tropicales de Brasil. También, un búho propio de la selva brasileña. 

 A principios de año, en Ecuador se hicieron esfuerzos para rescatar a un ejemplar de la especie de guacamayo azul. Este fue internado en el Parque Turístico de Nueva Loja. Entre las causas de la desaparición de las especies, los investigadores señalaron la introducción de especies extranjeras en el medioambiente de las aves, la caza de los pájaros y la destrucción de los bosques. La deforestación en Brasil destruiría el hogar de las aves, sus nidos y sus huevos. Fuente : larepública.pe

La misión de seguir protegiendo los atributos que nos hacen el segundo país más biodiverso del mundo, y garantizar su manejo adecuado, debe ser una tarea prioritaria del Estado y de los ciudadanos. Estos son sólo algunos de los ecosistemas que requieren un foco especial.

Actualmente Colombia cuenta con 30’921.869 hectáreas de áreas protegidas, lo que equivale al 15 % del territorio nacional. Zonas donde no sólo se protegen los diferentes ecosistemas del país, sino también los actores sociales que las habitan. La misión de proteger nuestro territorio, siempre de la mano de procesos articulados con las comunidades, debe continuar, especialmente en aquellos lugares del país que albergan ecosistemas únicos, que de no conservarse ahora podríamos perder.

Luis Germán Naranjo, director de conservación de WWF-Colombia, y Germán Corzo, investigador del Instituto Humboldt, detallan cuáles son algunos de los ecosistemas nacionales que debemos priorizar y por qué resultan vitales para la subsistencia de los seres vivos.

Bosque seco tropical

Es uno de los más amenazados del país. El bosque seco tropical regula el clima local, alberga biodiversidad que no está por fuera de estos bosques como los polinizadores, dispersores y depredadores. Este ecosistema también contribuye a la regulación de la hidrología local. La mayoría de las regiones donde se encuentra son supremamente fértiles y aptas para actividades como la ganadería, por eso han sido fuertemente transformadas, especialmente en el Caribe y el Valle del Magdalena. Dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) sólo se encuentra representado en un 1%.

Humedales

Son los responsables de regular la hidrología de las grandes regiones. Los humedales acumulan el exceso de agua que produce el invierno y lo liberan paulatinamente en época de sequía. Como la velocidad del agua en humedales, pantanos y ciénagas se reduce, los sedimentos provenientes de la erosión, causada por la deforestación, se depositan en el fondo de los humedales. Es por eso que las tierras adyacentes a estos ecosistemas son supremamente fértiles. Si los humedales no recolectan estos sedimentos se generan desastres de gran magnitud o terminan en el océano, lo que genera el deterioro de especies tan importantes como los arrecifes de coral.

Este tipo de ecosistema forma parte esencial del ciclo biológico de las poblaciones de peces, pues es ahí donde desovan y, además, prestan un servicio ecosistémico fundamental para buena parte de la población colombiana: la provisión de proteína.

Los humedales cargan una relevancia simbólica trascendental para muchas comunidades que los consideran sitios sagrados, o de pagamento. Por eso su conservación va más allá de proteger la biodiversidad del país, se trata de conservar igualmente los espacios culturales y espirituales

Áreas marinas

Además de ser fuente importante de recurso alimentario para la población, los ecosistemas marinos capturan más carbono del que imaginamos. Los arrecifes de coral, los pastos marinos y los manglares son sitios de máxima riqueza natural, donde las especies se congregan para nutrirse y sobrevivir.

Para hacer manejo adecuado de estas áreas se requieren muchos más recursos que para zonas terrestres, pues la logística que implica la protección de extensas áreas de mar es más costosa y dispendiosa.

Dentro de las áreas marinas encontramos los manglares, importantes ecosistemas que son sala/cuna de peces y las playas que son vitales para animales como la tortuga que desovan en ellas, pero amenazas como el turismo desordenado, la contaminación por plástico ,entre otros, hace que la dinámica oceánica se transforme, por eso su protección es urgente.

Por último, es necesario mencionar las sabanas de la Orinoquia, muy importantes por su riqueza biológica, como es el caso de las sabanas inundables, uno de los albergues de la mayor diversidad de peces en el mundo.

La conservación del patrimonio biológico de los colombianos es trascendental, sin embargo, además de seguir trabajando por la representatividad ecosistémica, es necesario garantizar un manejo efectivo de cada una de estas áreas. “Para proteger a cabalidad nuestra biodiversidad es necesario manejar sosteniblemente los grandes paisajes donde se encuentran estas áreas (Amazonia, Orinoquia, Andes, Caribe…). Entender sus sistemas de producción, las necesidades de sus comunidades, etc.”, afirma Luis Germán Naranjo.

“Debemos acudir a todas las estrategias complementarias de conservación necesarias para proteger nuestra biodiversidad”, finaliza Germán Corzo. Fuente : El Espectador

 

La humanidad consumió este 1 de agosto el conjunto de los recursos que la naturaleza puede renovar en un año y vivirá “en deuda” durante cinco meses, según la oenegé Global Footprint Network.

El 1 de agosto es la “fecha en la que habremos utilizado todos los árboles, el agua, el suelo fértil y los peces que la Tierra nos puede aportar en un año”, explicó Valérie Gramond del WWF, vinculada al Global Footprint Network, que recordó que esta fecha llega cada vez más pronto.

“También habremos emitido más dióxido de carbono del que los bosques pueden absorber”, añadió Gramond.

“Haría falta actualmente el equivalente de 1,7 planetas Tierra para satisfacer nuestras necesidades”, subrayó el WWF en un comunicado.

El 1 de agosto es la fecha más temprana registrada desde que empezó a contabilizarse el “Día de Sobrecapacidad de la Tierra”, a principios de los setenta. Entonces, los recursos fueron agotados el 29 de diciembre, mientras que el año pasado esta fecha ya se había adelantado hasta el 3 de agosto.

Desde entonces, “se aceleró el agotamiento de los recursos a causa del consumo excesivo y del derroche de comida”, explica Gramond, quien recuerda que en el mundo un tercio de los alimentos termina en una basura.

Este despilfarro de recursos naturales varía según los países. “Tenemos responsabilidades distintas, ya que pequeños países poco poblados como Catar o Luxemburgo tienen una huella ecológica muy importante”, criticó Pierre Cannet del WWF.

Si el conjunto de la humanidad viviera como los cataríes o los luxemburgueses, el “Día de Sobrecapacidad de la Tierra” sería el 9 y el 19 de febrero, respectivamente. En cambio, en un país como Vietnam, esta fecha no se produce hasta el 21 de diciembre.

“Tenemos que pasar de un grito de alarma a una llamada a la acción”, defendió Pierre Cannet, quien se muestra preocupado por el incremento el año pasado de las emisiones de CO2, después de tres años en los que se mantuvieron estables.

En la página web del “Día de Sobrecapacidad de la Tierra”, se proponen varias soluciones para invertir la tendencia actual: replantear el modelo de las ciudades, impulsar las energías renovables, reducir el derroche de comida y el consumo excesivo de carne y limitar el crecimiento demográfico. Fuente : El Colombiano

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) anunció este domingo que incluyó al Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete en su lista de Patrimonio Mundial como sitio mixto. La decisión, que viene pocas semanas después de que se encontraran en dicho lugar más pinturas rupestres que datan de hace 19.500 años, fue celebrada por el presidente de la República, Juan Manuel Santos.

“¡Gran noticia para Colombia! @UNESCO_es acaba de proclamar a Chiribiquete como patrimonio cultural y natural de la Humanidad. Mañana estaremos en el parque para ampliar y proteger aún más nuestra biodiversidad”, escribió en Twitter.

De hecho, como aseguró el mandatario, desde el viernes su oficina había anunciado que hoy se oficializará la ampliación del Parque de Chiribiquete en “1.486.676 hectáreas adicionales, que lo convierte en el área continental protegida más grande de Colombia, llegando a 4.268.095 hectáreas”.

Estos sucesos han generado celebración por parte de sectores ambientalistas del país y el globo. En diálogo con EL COLOMBIANO, el biólogo Edinson Muñoz, explicó su importancia: “con que el parque sea incluido en la lista de la Unesco, se avanza en la conservación de su riqueza biológica, teniendo en cuenta que está entre la Orinoquía y la Amazonia, es único. Eso por no hablar de su patrimonio arqueológico. Pero ahora por lo que hay que abogar es por fortalecer el sistema nacional de áreas protegidas, que está desfinanciado. La estrategia del Gobierno se había centrado más en la cooperación internacional. Hay que buscar la conectividad entre los distintos parques para proteger la biodiversidad y crear corredores. Eso puede favorecer una economía basada en la conservación”.

Juan Guillermo Páramo, director de la ONG AnimaNaturalis, coincidió: “el gesto de la Unesco significa que el Estado tiene que trabajar más en la protección de parques como este. Hay que destinar muchos más recursos y garantizar que si se va a hacer un turismo, sea uno responsable y ecológico. Esto cierra las puertas a que haya descaches en las licencias. Es un mandato internacional, un mensaje para los colombianos de valorar y cuidar lo que tenemos”. Fuente : El Colombiano.

 

Una organización de pueblos indígenas de Perú forjó una nueva alianza para cultivar bosques sostenibles en la Amazonía. Esta propuesta, planteada desde la última Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, Alemania, puede ser el ejemplo para otros países amazónicos.

 

En noviembre de 2017, una delegación de líderes indígenas y rurales viajó por toda Europa bajo el lema “Guardianes del Bosque”.

Incluso, indígenas colombianos del Vaupés y Amazonas llegaron a Fráncfort (Alemania) para montarse a un autobús con otros 19 indígenas de Latinoamérica, Indonesia y África. Recorrieron durante un mes el continente europeo con ese mensaje.

“Si bien cada año los pueblos indígenas participan en las Conferencias de las Partes sobre Cambio Climático (COP) como una voz alterna, “este año no quisimos solamente venir a hacer eventos, sino que antes de la COP quisimos reunirnos con quienes realmente negocian para que hicieran presión a favor de las comunidades indígenas”, dijo en ese entonces Carol González, indígena del pueblo cubeo a El Espectador. Para ellos, “no es justo que se esté buscando soluciones al cambio climático y no se esté pensando en cómo proteger a los verdaderos cuidadores de los bosques, que somos nosotros, los indígenas”, dijo.

El tour terminó (aparentemente) en Bonn, Alemania, cuando llegaron para participar en la COP, y a defender el liderazgo indígena como motor de la conservación en la Amazonía y otros ecosistemas sensibles del mundo.  

“Como pueblos indígenas, hacemos uso de nuestros recursos naturales, pero lo hacemos de manera sostenible, sin desperdiciar nuestro Amazonas”, dijo Edwin Vásquez, coordinador general de COICA (Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica), una organización de comunidades indígenas amazónicas de Perú que participó en el recorrido en autobús.

"Por ejemplo, sabemos cómo cosechar los frutos de las plantas que crecen en la naturaleza (camu-camu, cacao, nueces de Brasil) y madera, sin alterar el equilibrio de la naturaleza. Los pueblos indígenas, o la mayoría de ellos, todavía viven de su cultura y sus tradiciones”.

El papel de los indígenas y otras poblaciones en la conservación de los bosques es vital. El territorio de Colombia es casi 51% bosque, y la mitad de ese bosque está titulado a grupos indígenas y comunidades afro. A su vez, los bosques son vitales para el planeta por ser el sumidero del 30% del carbono que emitimos los humanos y nuestras industrias.

Las comunidades organizadas en torno a estas actividades económicas favorables a los bosques han demostrado ser poderosos defensores contra las amenazas siempre presentes de la tala ilegal y la minería industrial.

Por eso, COICA y Rainforest Alliance (una organización no gubernamental internacional que trabaja para conservar la biodiversidad y asegurar medios de vida sostenibles) establecieron un modelo colaborativo de desarrollo económico en asociación con comunidades que viven del bosque en Guatemala y en la región amazónica de Madre de Dios, en Perú.

Según rainforest Alliance, la eficacia de este modelo está respaldada por un estudio científico publicado por RAISG (Amazon Network of Georeferenced Socioenvironmental Information, un consorcio de grupos de la sociedad civil en toda la Amazonía) en vísperas de la Conferencia de Bonn sobre el clima de noviembre de 2017. El estudio analiza el valor de 15 años de datos y concluyó que las tasas de deforestación son 80 por ciento más bajas en territorios indígenas y unidades de conservación que fuera de esas áreas. (Lea tambíen: Los indígenas cuidan mejor la Amazonía)

“Muchas de nuestras comunidades no cuentan con información adecuada sobre el mercado, por lo que son presa fácil para los intermediarios; terminan prácticamente regalando sus productos. Pero si tenemos información sobre los mercados, no solo a nivel internacional, sino también a nivel local y nacional, eso nos permitirá burlar a estos intermediarios y vender nuestros productos directamente", dijo Edwin, del COICA, e indígena uitoto del Perú, a la revista Medium.

La iniciativa no es nueva, pero sí es la más grande planteada hasta ahora con comunidades indígenas en la región amazónica. En la comunidad de Tres Islas en la región de Madre de Dios en Perú, se aumentó en un 480% en el ingreso por pie de tabla para la madera cosechada de forma sostenible que se vende allí; un aumento de tres veces en el precio que las cosechadoras de castaña reciben de su comprador; el lanzamiento de la marca propia de la comunidad de productos gourmet de nueces de Brasil; y acceso a financiamiento para mejoras de sostenibilidad. Todos estos impactos han contribuido a un marcado descenso en la deforestación en Tres Islas, un que anteriormente había sufrido una de las tasas más altas en la Amazonía.

“La crisis ambiental es muy grave. Es por eso que la lucha indígena es tan importante: donde hay resistencia indígena, hay resistencia en defensa de la vida del planeta”, dijo Roberto Espinoza, de la Federación de Pueblos Indígenas del Perú (AIDESEP).

"Lo que estamos proponiendo como red indígena es que podemos vivir como siempre hemos vivido, desde nuestras tradiciones, y que podemos crear una economía indígena, viviendo de manera sustentable en nuestra tierra, como siempre lo hemos hecho, no solo para nuestra supervivencia, sino para la de todos", concluye Edwin. Fuente : El Espectador.