Un centenar de artistas e intelectuales francesas lanzó hoy un manifiesto en el que critican el "puritanismo" de la campaña contra el acoso desatada a raíz del caso Weinstein, y defienden la "libertad de importunar" de los hombres, que consideran "indispensable para la libertad sexual".

"La violación es un crimen. Pero el flirteo insistente o torpe no es un delito, ni la caballerosidad una agresión machista", dicen personalidades como la actriz Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet, la editora Joëlle Losfeld o la actriz Ingrid Caven en la tribuna, publicada hoy en el diario "Le Monde".

Aclaran que "no se sienten representadas por ese feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, adquiere el rostro de un odio a los hombres y su sexualidad", en alusión al movimiento "#metoo" ("yo también"), que surgió para denunciar en las redes sociales casos de abusos machistas.
También se refieren a ese movimiento como "justicia sumaria", que juzga a hombres "cuyo único error fue haber tocado una rodilla, tratado de robar un beso" o "hablar de cosas 'íntimas' en una cena profesional".

Si bien reconocen que el caso Weinstein dio lugar a una "toma de conciencia" sobre la violencia sexual contra las mujeres en el contexto profesional, lamentan que ahora se favorezca los intereses de los "enemigos de la libertad sexual" o de los "extremistas religiosos".

El escándalo de abusos del productor Harvey Weinstein, destapado el pasado octubre por el periódico estadounidense "The New York Times", desató una ola de denuncias por parte de muchas actrices que acusaron a actores como Kevin Spacey o Dustin Hoffman. Fuente : El Espectador

El artista Juan Manuel Echavarría expone “Ríos y silencios”, una continuación de su muestra del 2009 “La guerra que no hemos visto”. De este modo, sigue trabajando de la mano de víctimas y victimarios.

Expresiones de arte como las de Juan Manuel Echavarría logran que aquellos que no hemos sido tocados directamente por la guerra, logremos entenderla.

¿Seríamos capaces de quedarnos en silencio durante 993 días? Suena imposible, incluso inhumano, pero esa sería la cantidad de tiempo que estaríamos sin hablar si a cada víctima de nuestra guerra le dedicáramos diez segundos de silencio. Sí, únicamente diez segundos por cada una de las 8’581.339 víctimas registradas, nos llevarían a estar en silencio durante aproximadamente tres años. Estamos acostumbrados a pensar en números pequeños y cada vez que debemos imaginar grandes distancias o largos períodos de tiempo, nuestro cerebro comienza a engañarnos. ¿Qué son ocho millones y medio de víctimas? Son suficientes personas para llenar El Campín 213 veces y media. Es el equivalente a la población entera de países como Suiza o Israel.

Esta monstruosa cifra de víctimas esconde un pasado atroz: catorce modalidades diferentes de violencia, según el Grupo de Memoria Histórica, dentro de las cuales encontramos 220.000 muertos, casi 70.000 desaparecidos, siete millones de desplazados internos, miles de casos de violencia sexual y otros varios datos que nos encogen el corazón. Colombia fue hasta el comienzo de este milenio no sólo el mayor productor mundial de cocaína, sino también el país que más libros exportaba. Nuestra historia ha estado dividida en esa dualidad: una institucionalidad de la que nos jactamos y una violencia que nos hace tristemente famosos.

Sobre esto trata el último trabajo del artista Juan Manuel Echavarría, titulado Ríos y silencio, expuesto en el Mambo hasta el 7 de enero del 2018. Echavarría decidió hacer una continuación de su exposición del 2009 La guerra que no hemos visto y, de este modo, seguir trabajando de la mano de víctimas y victimarios. Una sala de la exposición llama la atención: se trata de un cuarto oscurísimo de 4x4, donde hay un pequeño banco para tres o cuatro personas que queda justo enfrente de una pantalla. Después de sentarse, y luego de unos largos segundos de silencio absoluto, en la pantalla aparece el rostro de un hombre negro, quien comienza a cantar, pero no una salsa, ni un bambuco ni tampoco una cumbia, sino que canta su experiencia, su memoria. Es un canto de lo que él vio el 2 de mayo del 2002, cuando una pipeta de las Farc estalló sobre una iglesia, en la cual un centenar de personas se habían refugiado de los combates entre el bloque Élmer Cárdenas de los paramilitares y el frente 58 de las Farc.

Este hombre oriundo del Chocó no tendrá, calculo yo, más de 45 años y se llama Domingo Mena. Después de él vienen los hermanos Hernández, Dorismel y Nacer; luego Luzmila Palacio, Noel Gutiérrez, Vicente Mosquera y Rafael Moreno. Todos son víctimas directas de la guerra en Colombia. Cada rostro canta una historia impregnada de dolor y de terror. Son relatos de personas que han vivido el infierno en carne y hueso y han logrado salir de él para cantarles a quienes no hemos tenido el infortunio de vivir lo que es la guerra, que sí, que nos hemos matado entre colombianos y que desearían no acordarse de las atrocidades de las que se acuerdan, pero también nos recuerdan que es posible vivir en paz, que no matarse tampoco es tan difícil como creemos.

Así, los hermanos Hernández, sobrevivientes de la masacre de Aracataca, nos cantan, cada uno, el sentimiento de pensar que su hermano, aquella persona que ha vivido a su lado desde que se tiene conciencia, puede estar muerto. El señor Gutiérrez relata cómo fue tener que entrar a la iglesia de Bojayá instantes después de que el cilindro bomba estallara: “No lo puedo creer, no lo puedo imaginar, esto que en Bojayá haya podido pasar”, nos canta cara a cara. Luzmila Palacio, una víctima del desplazamiento del bajo Atrato, recita la manera cruel y despiadada con la cual los diferentes actores de la guerra desplazaron masivamente a toda una región y cómo los poderosos ríos del Pacífico colombiano se convirtieron en verdaderas tumbas de agua, pues una práctica común era la de tirar los cadáveres a los ríos.

El logro de Echavarría es ponernos enfrente de la crueldad y la humanidad de la guerra, en el sentido de que detrás de cada cifra y de cada homicidio y de cada familia desplazada hay una historia, y que esas historias merecen ser escuchadas para ponerle fin a este círculo de horror. Esto porque la nuestra ha sido, esencialmente, una guerra contra la población civil, como lo llama Pécaut, pues 81 % de los muertos han sido civiles. “En este conflicto muere más rápido un civil que un combatiente” , dice la periodista Juanita León.

Hay quienes en Colombia estuvieron decenios sin darse cuenta de que estábamos en guerra hasta que, un fatídico día, la guerrilla recluta a su hijo, o los ‘paras’ desaparecen a su marido, o el Ejército recluta a su otro hijo para que vaya a darle bala a su primer hijo que se fue con la guerrilla. La belleza del arte es que logra que aquellos que no hemos sido tocados directamente por la guerra comprendamos la urgencia de terminarla. Y esto no es menor, pues 62 % de los colombianos habilitados para votar no salió a las urnas el 2 de octubre del 2016.

El arte de Echavarría combate la indiferencia de una Colombia urbana que no ha logrado, no ha podido y no ha querido solidarizarse con el resto del país rural. A través del arte no lograremos comprender lo que es perder un hijo, claro que no, pero tal vez podamos entender la importancia de trabajar por un país “donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad”. Y ese es el arte de la guerra que realmente necesitamos, no aquel de Sun Tzu sobre cómo hacerla, sino este de Echavarría sobre cómo comprenderla. Fuente : El Espectador

Nube Sandoval y Bernardo Rey se fueron de Colombia con la bella idea –que llegaron a montar en Ciudad Bolívar y en Bosa, incluso en Chocó– de poner en escena un teatro que sanara a sus participantes: a sus creadores y a sus espectadores. 

 
 

Lo llamaron “el teatro como puente”, porque servía a actores desplazados por la violencia, por ejemplo, para ir de una orilla a la otra en sus propias vidas, para –según cuentan en una magnífica crónica escrita por Yhonatan Loaiza para este diario– revivir el espíritu que renace con la memoria y recobrar la luz que suele apagarse cuando se va viviendo sin futuro. Su grupo, fundado en 1992, que llamaron el Teatro Cenit, llegó a Europa listo a eso: a reconocerles la humanidad a quienes fueron perseguidos, humillados, sometidos, puestos de rodillas por tantos gobiernos indolentes de este mundo.

Su trabajo con sobrevivientes de Congo, Afganistán, Burundi, Costa de Marfil ha sido un verdadero puente para dejar atrás los horrores, para recobrar el derecho a los recuerdos de la infancia.

 

Escritores de la talla de Salman Rushdie y J.M. Coetzee estarán presentes en este encuentro cultural el próximo año en Cartagena.

Del 25 al 28 de enero del 2018 se celebrará, como ya es costumbre, el Hay Festival en Cartagena. Y entre los 150 invitados aparecen importantes escritores, músicos e intelectuales, que no solo estarán en la Ciudad Amurallada sino que harán presencia en otros municipios de Bolívar y en ciudades como Bogotá, Medellín, Manizales, Buenaventura, Santa Marta y San Andrés. 

Este evento, que se realiza desde hace 12 años, tendrá nombres rutilantes como Salman Rushdie, autor de Los versos satánicos,  J.M. Coetzee, el premio nobel sudafricano de literatura, y a escritores de la talla de Yaa Giasi, Sergio del Molino, Marc Levy, Leila Guerriero y Geoff Dyer, que harán parte de algunos de los 25 eventos diarios organizados.

El festival se caracteriza como un espacio interdisciplinario y en su próxima edición mantiene ese perfil. No solo participarán grandes novelistas sino intelectuales en todas las áreas: musicales, filosóficas y realidades económicas y sociales. 

Entre ellos estarán los pensadores Rutger Bregman, Marina Garcés y Carolin Emcke. Y un personaje que desde ya despierta polémica: Nadya Tolokno, una de las integrantes de grupo de punk rock ruso Pussy Riot, muy fustigado en su país por su irreverencia. Ella, como otros personajes, hablarán y debatirán temas como la pobreza, la xenofobia, la libertad de expresión, el pasado colectivo y la posverdad. 

 

Tal como lo describe Amalia Pombo, directora de comunicaciones y desarrollo del Hay, este evento es un espacio para conversar, para crear magia en torno al conocimiento general y que sea accesible para todos.

“En el hay -dice Pombo- se ven en el mismo espacio y tiempo pensadores con opiniones dispares sobre diversos temas que van desde literatura hasta física, pasando por música, filosofía, antropología, neurología entre otros”. 

El escritor barranquillero Giuseppe Caputo, autor de la novela Un mundo huérfano, dice que otra sección importante a tener en cuenta es Bogotá39 (2017), que reúne a los mejores escritores latinoamericanos menores de 40 años.

“El festival es importante porque –explica el novelista- da cuenta de lo que se está hablando y escribiendo desde y para América Latina, y también como una plataforma que visualiza los talentos del continente”. 

 

 

 

Este certamen es originalmente galés y empezó a finales de los años ochenta y le ha dado la vuelta al mundo. Anteriormente han asistido al festival escritores internacionales como Cees Nooteboom, Joe Sacco, Roberto Fontanarrosa y Ricardo Piglia. Fuente : Semana

El cantante y compositor dice sin tapujos que no compone su música pensando en ganar un Grammy, pero reconoce al mismo tiempo la proyección que estos premios han dado a su trabajo.

René Pérez Joglar, como se llama realmente Residente, lanzó este año su primer disco desde que se separó de Calle 13, la banda que integró con su hermanastro Eduardo Cabra, Visitante, y su hermana Ilena Mercedes Cabra, hoy iLe como solista.

Juntos ganaron 24 Grammy Latino, y en su debut como solista lidera las nominaciones de la 18a edición, que se celebrará el jueves.

"Puedo llenar estadios aunque no suene en la radio", aseguró. "No trabajo pensando en Grammy, mi prioridad es mi música, hacer un mejor trabajo, a nivel personal, dar lo mejor de mí".

Pero a continuación, reconoció que ser galardonado sirve "para que la industria crea en el trabajo también. Lamentablemente a veces hace falta que otro diga ‘ah, está bueno‘ para que todo el mundo diga ‘es verdad‘".

"Igual de distintos"

Su primer trabajo en solitario, titulado "Residente", es el resultado de un largo viaje por el mundo, inspirado en un estudio de su genoma, a través de una prueba que se hizo cuando aún estaba en Calle 13 y dejó en la gaveta, madurando.

"Decidí hacer música basada en mi ADN. Viajé a diferentes partes del mundo recolectando sonidos y encontrando historias. Todos somos residentes del espacio que ocupamos y en nuestro espacio las fronteras no existen".

El texto, que da la bienvenida en su página web, anuncia un ambicioso proyecto, que le tomó dos años e incluye un libro bitácora y un documental.

Su recorrido lo llevó de Siberia a Burkina Faso, de China a Francia, del Cáucaso a Ghana y Nigeria.

El resultado: una mezcolanza en total armonía con temas muy cargados como "Guerra" o "Apocalíptico", o los 10 minutos de "tiraera" en "La Cátedra", en la que reclama un récord en el rap y la música en general con sus 1.900 palabras.

"Somos igual de distintos, diversos pero somos bien parecidos, nos enojamos igual, nos alegramos con cosas similares, uno cree que somos bien distintos, son culturas distintas peros somos seres humanos, similares", indicó el cantante de 39 años y ganador además de tres Grammy con Calle 13.

En el disco, hay participaciones de Lin-Manuel Miranda, el creador del éxito de Broadway "Hamilton" y que resultó ser su primo; también del guitarrista Bombino de Burkina Faso, de músicos de la ópera de Pekín, de cantores de Tuva en Siberia o de la tribu dagomba de Ghana.

"Hice un estudio, estaba familiarizado con cada región", dijo sobre la preparación de los viajes, entre los cuales hacía escalas en Nueva York. "No llegué con la maleta vacía, llegué con la maleta por la mitad para meter más cosas, tenía una idea de los temas que quería tocar".

"Colonia"

Como otros artistas compatriotas, Residente ha ayudado activamente a los afectados por el huracán María en Puerto Rico.

En una gira internacional recaudó alimentos e insumos que fueron enviados a la isla desde Chile, que también envió ayuda que fue retenida en el aeropuerto por las autoridades.

Pero más allá de la polémica, el músico, siempre muy político y movido por temas sociales, asegura que "la situación de Puerto Rico sería la misma esté [Donald] Trump, Hillary [Clinton], [Barack] Obama".

"Es una colonia, no es que sea culpa de Trump", cuestionado por la forma en que ha encarado la emergencia. "No es porque haya maldad, es porque es así, fue lento para New Orleans con Katrina, mucho más lento para Puerto Rico".

Y después de "Residente", ¿qué viene? "Tengo que pensar, estoy haciendo temas, unos sencillos". Fuente : Revista Semana

"Sentía la necesidad de hacer un proyecto como el que hice, ahora me siento relajado para escribir, para hacer cualquier tipo de tema".

Tras su primera edición en 2016, el encuentro busca que las mujeres sigan apropiándose del género.

Hasta el más aficionado al vallenato, por más que sepa de festivales y reyes, se ve a gatas para nombrar a más de cinco acordeoneras. Puede ser que desde que se emite la serie de Caracol Tarde lo conocí, haya sido todo un descubrimiento saber que había más mujeres en el vallenato, además de Patricia Teherán.

 
 

Evafe, el Encuentro de Vallenato Femenino, fundado el año pasado, ya lo sabía. Aunque desde el primer Festival de la Leyenda Vallenata hubo una mujer, Fabri Meriño, interpretando el acordeón, en general, el talento de las intérpretes seguía oculto. Así que el encuentro, que tendrá su segunda edición este fin de semana, se fundó para darles una vitrina.

Las mujeres estaban tan escondidas que al fundador del Evafe, Hernando Riaño, le tocó buscar a las concursantes del año pasado una por una, por Facebook, dice él. “Un hombre de 50 mandándoles mensajes a niñas de 14 o 15 podía ser sospechoso –dice Riaño–, entonces les pedía que me dejaran hablar con sus padres para mostrarles que sería un encuentro serio”.

Así llegó a Leidy Carolina Salgado, acordeonera radicada en Turbo, Antioquia, que a sus 14 años había participado ya en categorías infantiles del Festival Vallenato. “La primera vez que la vi fue en el Factor Xs”, recuerda Riaño.

La jovencita se coronó reina del Evafe 2016, entre siete participantes (este año competirán de 20 acordeoneras profesionales). Salgado fue la cara del Evafe en las convocatorias que se hicieron en ciudades como Bucaramanga, Cartagena o Montería, invitando a participar a las intérpretes.

De un año para acá, las mujeres en el vallenato han crecido. Hemos visto cambiar su forma de presentarse, sus rutinas musicales y hasta su forma de pararse en el escenario

Este año aumentó el número de inscritas, aunque no tanto como pudo ocurrir de haberse mantenido las reglas de la primera edición.

“El año pasado pusimos un conjunto de planta para que todas las que quisieran pudieran venir y cantar –dice Riaño–. Vinieron muchas cantantes porque pensaban que sí cantan, aunque no tuvieran trayectoria. Pero vimos que era necesario que se esforzaran un poquito, que crearan lazos y agrupaciones. Así que esta vez, cada cantante debe traer su acordeonera. La idea es que ellas mismas busquen la forma de que el vallenato femenino crezca”.

Entre los logros del primer Evafe está la creación de Son Wayuu (Indira Fernández e Iris Curvelo), un grupo que se formó cuando una acordeonera participante del año pasado y una cantante se conocieron en el calor de la competencia y formaron su conjunto.

Hay más logros. Se esperaba poco del primer encuentro y de la suerte de sus ganadoras. Pero los dos grupos mejor puntuados se ganaron un cupo en el Festival Francisco el Hombre (Riohacha) y demostraron que tienen show para alternar sin complejos con agrupaciones masculinas.

Uno de estos grupos, el de Evelyn González, la ‘voz dulce del vallenato’, primero en categoría de agrupaciones, se presentó en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla y se llevó dos congos de Oro, el de mejor agrupación vallenata y el de mejor intérprete para la acodeonera kankuama Wendy Corzo. Meses después, Corzo se alzó con el título de virreina nacional del Folclor (Ibagué) tras interpretar los tres instrumentos base del vallenato, además de cantar y bailar clásicos de este folclor.

“De un año para acá –reitera Riaño–, las mujeres en el vallenato han crecido. Hemos visto cambiar su forma de presentarse, sus rutinas musicales y hasta su forma de pararse en el escenario. Ya se sienten más artistas”.

Top 5 acordeoneras

1. Fabriciana Meriño: primera mujer que participó en el Festival Vallenato.

2. Cecilia Meza Reales: les enseñó a tocar acordeón a sus hermanos Ciro y Álvaro Meza Reales, reyes vallenatos.

3. Maribel Cortina: formó parte de las Diosas del Vallenato.

4. Graciela 'Chela' Ceballos: fundadora de las Musas del Vallenato, uno de los primeros grupos totalmente femeninos.

5. Jenny Cabello: primera niña en competir en el Festival Vallenato cuando no había categoría infantil.

Dónde y cuándo

Evafe. Encuentro de Vallenato Femenino. Plaza Alfonso López, Valledupar. 10 al 12 de noviembre. Elegirá a la mejor cantante, mejor acordeonera (infantil y mayor) y mejor grupo. ‘Shows’ de invitadas: Diana Burco (viernes 10), Karen Lizarazo (sábado 11) y Adriana Lucía (domingo 12). Fuente : El Tiempo