Velia Vidal Romero, directora de la corporación educativa y cultural Motete, promovió la primera Fiesta de la lectura del Chocó, iniciativa civil del departamento con mayor analfabetismo en el país.   

 

 

Contrario a lo que proyecta la Organización de los Estados Iberoamericanos, OEI, con el apoyo del Ministerio de Educación para el 2018 en Colombia: “convertirlo en un territorio libre de analfabetismo”, los índices del Chocó, un lugar golpeado por el conflicto, muestran una constante: la negligencia. Además de liderar los más bajos niveles en cobertura y rendimiento educativo, esta región está entre los primeros lugares de la lista de departamentos con necesidades básicas insatisfechas, trabaja por salir de alí.

Por eso, celebró la primera edición de un encuentro en torno a la lectura en Quibdó, capital del departamento, que también registra el índice de mayor consumo de alcohol en todo el país –esto por encima de Antioquia, que ocupa el primer lugar en consumo de drogas ilícitas–, según el último estudio del Observatorio de Drogas en Colombia y que sí fue noticia.

El actual conflicto con el ELN, la presencia de las bandas asociadas a la minería, el tráfico de armas y estupefacientes, además de muchas problemáticas que van a persistir, son pugnas ordinarias en la vida común de los chocoanos y son corrientes en la agenda mediática. Así que regresar a una narrativa atractiva que los identifique de manera idiosincrásica, y que esté en sintonía con los requisitos de la meta de un organismo de cooperación internacional, tomará tiempo.

Así lo explica Velia Vidal Romero, directora de la corporación educativa y cultural Motete, quien al promover la primera Fiesta de la lectura y escritura del Chocó – Flecho (marzo 2018) -, sabe que como ciudadanos y gestores no es prudente esperar a que se fortalezca la institucionalidad hasta el punto de que ocurran las iniciativas. Basta con la voluntad, aduce, de encontrarse alrededor de una idea, en un espacio, con una mesa y dos sillas, a las que después se sumarán espectadores.

La Secretaría de Educación de Quibdó funciona bien, según Vidal, aunque sin un área dedicada a la promoción y fomento de lectura y escritura. A pesar de los incipientes esfuerzos apoyados por el Plan Nacional de Lectura y Escritura, PNLE, en cuyos objetivos está el de acompañar a las instituciones para que desde su autonomía promuevan y posicionen acciones; recuerda Vidal cuando trabajaba en Medellín, por ejemplo, en el Parque Biblioteca Fernando Botero, en San Cristóbal, donde eran 18 personas las que tenía a su cargo, de manera que entiende aunque no justifica, y en proporción, el alcance de las intenciones.

“Tanto el Ministerio de Educación como el Ministerio de Cultura han hecho un gran esfuerzo por hacer presencia en el Chocó con todas las estrategias, pero esto queda supeditado a las instituciones educativas porque, infortunadamente, Quibdó no tiene una Secretaría de Cultura y al no haber un ente local que pueda tener interlocución fluida con uno nacional, lo que pueden hacer lo hacen directamente y no de manera extensiva, de modo que no trasciende”, asegura.

De otro lado, es reconocible que en tanto la cadena del libro tiene un enfoque muy comercial, y pese a que la Fiesta de la Lectura del Chocó es un ejercicio de descentralización, Vidal sabe que si las necesidades básicas del cuerpo están insatisfechas, se entendería que difícilmente Quibdó sea el escenario más atrayente para una librería o editorial, además de tener las tasas de analfabetismo más altas, por encima de la media del país.  

“Los esfuerzo por promover el consumo del libro y por garantizar el derecho a la lectura deberían venir desde la institucionalidad. Ahora, ¿por qué no se trabaja en políticas públicas? Quibdó es un municipio que está en quiebra, oficialmente, no es una especulación, entonces se garantiza el funcionamiento y a través de regalías se financian otras cosas, pero como en todo el país la pirámide de las necesidades está invertida, entonces la cultura siempre termina siendo lo menos relevante, ¿no?”, cuestiona.

Para los gestores de este proyecto es importante retomar la forma auténtica de narrarse, razón por la que no se quedan quietos, pues por todos los golpes del conflicto, las historias alrededor del Chocó han sido de victimización y de carencia (naturaleza frecuente), así que urgen las formas orgánicas de leerse, que tienen que ver con la relación con la tierra, la relación con el agua, las tradiciones, las representaciones espirituales, entre otras, aunque tomará tiempo regresar a ellas. Fuente : El Espectador.

La quinta entrega de la saga del Robert Langdon tiene como telón de fondo España.

La saga protagonizada por el profesor de simbología Robert Langdon transcurre entre Bilbao, Sevilla, Madrid y Barcelona y su autor la ve como "una carta de amor a España".

Se los 8,8 millones de ejemplares vendidos, medio millón corresponden a su traducción al español, según informó Editorial Planeta.

 

A lo largo de la trama, el lector recorre escenarios como el Monasterio de Montserrat, La Pedrera, la Sagrada Familia, el Museo Guggenheim de Bilbao, el Palacio Real de Madrid o la Catedral de Sevilla. 

Langdon acude en esta ocasión al Museo Guggenheim de Bilbao para asistir a un "transcendental anuncio que cambiará la faz de la ciencia para siempre", en una velada en la que el anfitrión es el joven multimillonario Edmond Kirsch, antiguo alumno suyo.

La obra, después de 22 semanas, ocupa las primeras plazas de las listas de libros más vendidos en castellano, está en el primer puesto de los libros más vendidos del New York Times y también es número uno en países como Colombia, Dinamarca, Países Bajos, Reino Unido, Portugal y Suecia. Fuente : El Tiempo

 

 

 

La idea busca unir fuerzas para la promoción de la lectura y el libro.

Así lo anunció la Cámara Colombiana del Libro, cuya iniciativa cuenta con el reconocimiento del Ministerio de Cultura.

A través de esta red, también se espera “crear alianzas estratégicas, el intercambio de experiencias y la comunicación constante, para crear los mejores escenarios en cada ciudad, región o municipio”, anota la Cámara en un comunicado.

 

De la red hacen parte las ferias de literarias de Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cúcuta, Ipiales, Manizales, Medellín, Montería, Neiva, Pasto y Pereira.

“Apoyar las Ferias del Libro nacionales es promover la creación de espacios transformadores de la sociedad en los que confluyen todos los actores de la cadena editorial (autores, agentes, editores, distribuidores, libreros, etc.) creando un eje conductor entre el libro y sus lectores”, anota la Cámara.

Las ferias del libro de 2017 en cifras

- Más de 1 millón 400 mil personas acudieron a las distintas ferias del libro que se realizaron en las ciudades que componen la Red: Bogotá, Bucaramanga, Cúcuta, Medellín, Pasto, Ipiales, Neiva, Pereira, Manizales, Cali y Montería.
- Las ferias unidas sumaron 66 días de eventos alrededor del libro en 2017.
- Tuvieron más de 2.800 actividades de programación cultural.
- Las visitaron más de mil autores locales, nacionales e internacionales.
- Participan más de 500 actores de la cadena del libro involucrados.
- Cuentan con más de 400 expositores, entre libreros y editores y distribuidores.
- En total, se vendieron 1.215.000 libros.
Fuente: El Tiempo.

 

El letrero de “Se arrienda” sobre la fachada del Museo de Arte Moderno de Bogotá puso sobre la mesa la difícil situación de muchos museos de Colombia, que a diario buscan recursos para mantenerse.

Los bogotanos que pasaban por el centro de la ciudad el pasado 5 de febrero se llevaron una sorpresa cuando vieron varios avisos de “Se arrienda” sobre la fachada del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo). Muchos, indignados ante la posibilidad de que la institución estuviera en riesgo, subieron fotos y comentarios críticos a las redes sociales. Los rumores llegaron a las emisoras y, en pocas horas, el país ya debatía si se trataba de una acción artística o de una medida real que, en plata blanca, significaba la posible desaparición de una de las entidades culturales más reconocidas del país.

Luego se supo que se trataba de una campaña (o un ejercicio, como lo llamaron) para mostrar la magnitud de la difícil situación financiera del museo e invitar a las personas y a las empresas a sumarse al programa de membrecías y patrocinios. Pero en el ambiente quedó una gran preocupación. No es un secreto que el MamBo, fundado en 1962 por la crítica de arte Marta Traba, lleva un tiempo en una difícil situación. Claudia Hakim, quien lo dirige desde abril de 2016, repite, siempre que puede, que la plata no alcanza. “El museo no es viable –le dijo hace un año a SEMANA–. Yo podría cerrarlo en este momento, pero me la estoy jugando con mi tiempo, con mi salud, a punta de trasnochadas y de angustia por sacarlo adelante”.

Le recomendamos: "El Mambo sí se arrendó": Claudia Hakim

Es cierto que el Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Bogotá entregan unos recursos cada año, pero sirven para financiar exposiciones y proyectos artísticos. Por cuenta de la institución corren los servicios, el pago del personal y el mantenimiento del edificio sede del museo desde 1985, creación del arquitecto Rogelio Salmona. Y aunque desde el año pasado el MamBo remodeló su sede, montó una tienda propia, arrendó el espacio para un restaurante y renovó su programa de exposiciones para acercarse a un nuevo público, todavía llegan meses en los que no tienen para pagar la nómina. Calculan que al año necesitan 1.500 millones de pesos. “Lo que yo recibo en taquilla, más la tienda que pusimos de artesanías, más lo que paga el restaurante me da el 30 por ciento de lo que necesita el museo para mantenerse mensualmente. Me faltaría el 70 por ciento”, explica Hakim.

Y la situación del MamBo se repite en muchos museos colombianos que cada cierto tiempo viven crisis económicas. De hecho, según las cifras del Programa de Fortalecimiento de Museos (PFM) del Ministerio de Cultura, más de la mitad no lograron el punto de equilibrio en 2016. Es decir, no son financieramente sostenibles. “Lo más complicado es el manejo de la caja, el flujo de recursos, es difícil sostener los edificios o hacer renovación tecnológica. La taquilla y el parqueadero nunca alcanzan”, explica María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia. 

Hay que entender, sin embargo, que no todos funcionan igual. Según las cifras del PFM, el 53 por ciento de los museos colombianos son privados (aunque sin ánimo de lucro), el 42 por ciento son públicos y el 5 por ciento, mixtos. Las entidades del Estado (Ministerio de Cultura, Gobernaciones, Alcaldías o universidades públicas) financian la mayor parte de la operación de los museos públicos, aunque estos también suelen buscar apoyo financiero en las empresas privadas y donaciones. Es el caso del Museo Nacional, el más antiguo del país, que recibe el 68 por ciento de sus recursos del ministerio y que tiene el apoyo de la Asociación de Amigos del Museo Nacional, una entidad privada sin ánimo de lucro que canaliza el 32 por ciento restante, a través de aportes de compañías, alquileres de espacios y venta de otros servicios.

En el caso de los museos privados el tema es más complicado. La mayoría –a diferencia de unos pocos patrocinados completamente por empresas – debe gestionar donaciones, patrocinios y sobrevivir con lo que da la taquilla o la tienda. Es el caso del MamBo, el Museo de Arte Moderno de Medellín (MamM), el Museo de Antioquia, La Tertulia y muchos otros. Estos también reciben recursos públicos cuando participan de las convocatorias de las Secretarías de Cultura, las Alcaldías o el ministerio (que entrega recursos a las organizaciones culturales que presentan proyectos a través del Programa Nacional de Concertación), pero deben destinarlos a programas específicos y no sirven para pagar el día a día de la operación. 

La clave, como cuenta Juliana Restrepo, directora de Idartes y, quien estuvo cinco años a la cabeza del MamM, es la creatividad: “Los museos tienen que desarrollar programas y servicios innovadores, y presentarse ante la ciudad no como entidades pasivas, sino como actores con las puertas abiertas, que ofrezcan talleres, visitas guiadas y todo tipo de espacios”.

Algunos han logrado hacer las cosas bien. El museo La Tertulia, de Cali, por ejemplo, tuvo una crisis económica en 2009 que lo llevó a cerrar sus puertas, pues no tenía para pagar los servicios ni las obligaciones. Pero durante los últimos años no solo logró estabilizar un poco sus cifras, sino que aumentó el número de visitantes (la cantidad creció un 103 por ciento entre 2010 y 2017). La clave, además de una renovación de sus programas y de la estrategia para comunicarse con la gente, fue lograr el apoyo de la Alcaldía, las entidades privadas y las embajadas.

El Museo de Arte Moderno de Medellín, por su parte, ha logrado que el 45 por ciento de sus ingresos provengan del sector privado. Y aunque las donaciones de las empresas han disminuido –pues varias de ellas prefieren focalizar las inversiones en áreas relacionadas con su negocio–, tienen un programa de patrocinios que ha logrado atraer a varias. Además, les ofrecen otro tipo de servicios como talleres de arte para sus empleados o regalos con el logo del museo o la imagen de alguna de sus obras para sus clientes.

 

La entidad amplió sus instalaciones hace dos años y hoy tiene espacios como una sala de cine y una tienda propia que también genera recursos. Y, como hacen varios de los museos incluyendo el MamBo, también alquilan algunos espacios y ofrecen membrecías para personas que, con una mensualidad o anualidad, pueden acceder a algunas exposiciones y servicios del museo gratuitamente. Otros, como el Museo de Arte Moderno de Barranquilla (MAMB) –que es gratuito–, optan por organizar ferias o subastas para financiar sus gastos cotidianos.

En el fondo, sin embargo, muchos creen que la mayoría de las dificultades tienen que ver con el papel que la sociedad colombiana le da a la cultura, y en especial al arte. “Muchos en el sector privado consideran que las artes plásticas son la cereza del pastel –dice María Belén Sáez, directora de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional y del Museo de Arte de la misma entidad–. Y eso es debido a que el propio gobierno no le presta ninguna importancia. Eso se contagia en la sociedad”. De hecho, el presupuesto para cultura disminuyó este año y eso influye en la plata que le llega a todo el sector.

 

Solo hay que ver lo que pasa en Nueva York, una ciudad en la que el arte y la cultura ocupan un lugar preponderante. Allí las grandes familias, las empresas y algunos millonarios consideran un honor donar su plata a museos como el MoMA, y la sociedad los reconoce por eso. Lo más importante es entender que el éxito de un museo no solo depende de quien lo dirige, sino de toda la sociedad: los ciudadanos, las empresas, el gobierno y los medios de comunicación. Al fin y al cabo, su labor los beneficia a todos. Fuente : Semana

En el Hay Festival el escritor Juan Gabriel Vásquez entrevistó al autor de ‘Los versos sátanicos’.

El antes novelista británico (y mucho antes, autor indio) y ahora escritor estadounidense Salman Rushdie está presentando su más reciente novela. Se llama ‘La decadencia de Nerón Golden’, un millonario de un país que no se quiere ni nombrar, porque Golden –que tampoco se llama realmente así– quiere reinventarse con todo y familia, convertido ahora en un millonario estadounidense en los tiempos del gobierno de Obama.

 

Sin embargo, la charla de Rushdie con el escritor Juan Gabriel Vásquez, encargado de entrevistarlo en el Hay Festival de Cartagena, comenzó con la influencia de García Márquez en la obra del autor de origen indio, algo que al parecer era “evidente”, incluso antes de que Rushdie supiera de la existencia de Gabo.

“Lo que me pasó fue que escribí una primera novela que fue un fracaso, antes de ‘Los hijos de la medianoche’ –explicó Rushdie ante el auditorio del Centro de Convenciones–. Se llamaba ‘Grimus’ y fue de ciencia ficción. Un amigo mío, que fue de las mismas personas que la leyó inicialmente, me dijo: ‘Obviamente has sido influenciado por García Márquez’. Y yo le dije: ‘¿Quién es?’ Y él dijo que fuera ‘ahora mismo’ a una librería y comprara una novela llamada ‘Cien años de soledad’. Respondí: ‘¿En serio? ¿Cien años?, ¿de soledad?’ No me sonaba que fuera un buen libro. Y él me dijo: ‘No sea idiota, vaya a la librería’. Le hice caso; la edición en inglés que existía tenía una portada de un cuadro, no sé si de Rivera o de otro muralista mexicano, con unos campesinos socialistas mirando hacia el futuro en una portada gris. Y compro de mala gana ese libro de campesinos socialistas mirando al futuro, en una portada gris llamada ‘Cien años…’ y cuando leí la primera frase me cautivó completamente. Me sumergí en el libro, entré en una especie de éxtasis. 

“Es un libro que me he leído muchas veces. La traducción al inglés es brillante. Gregory Rabassa decía, muy orgulloso, que en una rueda de prensa García Márquez había dicho que la traducción al inglés era mejor que el original en el español”.

Fue así como comenzó esa influencia. A mediados de los años 70, Rushdie vio en las historias de Gabo un “mundo familiar, muy similar a la India”, de donde venía. Encontró similitudes con su realidad que vivió. “Discrepancias entre ricos y pobres, influencia muy poderosa de la religión y del pasado colonial –dijo–. Son países en donde hay generales a los que les gusta tomarse el poder de vez en cuando, y donde hay corrupción. Entonces, estaba leyendo el libro de un mundo que me sonaba tan familiar”.

Sin embargo, Rushdie anota que hubo otras influencias en libros suyos como ‘Hijos de la medianoche’, además de la obra de Gabo; por ejemplo, ‘El tambor de hojalata’. Pero fue a partir de esta lectura que se acercó a otros autores latinoamericanos como Juan Rulfo y su Pedro Páramo.

“Fue así, pero la traducción de Pedro Páramo no era muy buena. Cuando lo leí no entendía cuál era la alharaca con ese libro. Veinte años después, con otra traducción, entendí también la relación entre Comala y Macondo. Empecé a leer a Alejo Carpentier, Vargas Llosa, Jorge Amado…”.

En una charla con Rushdie, es imposible dejar por fuera la historia de ‘Los versos satánicos’ (1988), el libro que le valió la sentencia de muerte que el ayatolah Jomeini impuso sobre él por haber ofendido al Islam. 

—Y luego él se murió —anotó Rushdie.

—Entonces, usted venció esa pelea… —afirmó Vásquez.

—Solo quería anotar: uno de nosotros sigue vivo. Ustedes habrán oído que la pluma es más fuerte que la espada. Así que no se metan con un novelista —dijo Rusdhie, generando aplausos y sonrisas entre el público.

Uno de nosotros sigue vivo. Ustedes habrán oído que la pluma es más fuerte que la espada. Así que no se metan con un novelista

 

‘Los versos satánicos’ fue una novela que cambió la vida de Rushdie y su idea sobre el papel del novelista en la sociedad. “Creo que me hizo valorar el arte de la literatura más de lo que ya lo valoraba. También me permitió ver que no soy el primer escritor que se ha metido en problemas. Dostoievsky se enfrentó a un pelotón; otro autor escribió un poema sobre el bigote de Stalin. Por alguna razón, a Stalin no le gustó y lo envió a un campo de trabajo. A Lorca lo persiguió Franco. Cuando uno empieza a analizar eso y se da cuenta de que muchos de los autores respondieron de manera heroica. Dostoievski salió de ese evento traumático a escribir una obra maestra. Entonces, cuando me tocó dije: ‘Bueno, este es nuestro trabajo. Tengo que vivirlo’. Pude darme por vencido, eso me hizo valorar más la libertad de expresión. Porque si uno vive en estos países donde hay libertad de expresión, la gente no le da importancia. Si existe el aire para respirar, la gente no le da importancia, pero si no tiene el aire, empieza a darse cuenta. 

Sobre el regreso a la vida normal, ya sin vivir escondiéndose y escoltado todo el tiempo, Rushdie también escribió un libro, en el que su personaje Josep Anthony narra en tercera persona su experiencia. 

“En los años de protección policiaca, me pidieron que encontrara un seudónimo que pudiera utilizarse para alquilar casas en donde fuera a vivir. Entonces saqué el nombre de Joseph Conrad y Antón Chejov, porque pensaba que Conrad escribía muy bien sobre un mundo secreto, sobre espías e intriga, y yo me encontraba en ese mundo. Y Chejov, porque escribía sobre el aislamiento y la nostalgia, sentimientos que tenía yo en todo momento. Empecé a escribir el libro en primera persona, como uno haría cuando escribe sobre su vida. No me gustó. Me parecía narcisista. Quería que el libro diera la impresión de ser un relato novelesco y el problema con la primera persona en una autobiografía es que el personaje que habla desde su yo tiene experiencias diferentes a las de los demás personajes, entonces, en tercera persona este personaje es uno entre tantos otros y puede tener sus propias experiencias”.

Rushdie explicó que ese libro autobiográfico tomó distancia de años en escribirse, no lo hizo inmediatamente se liberó de la fatua que lo condenaba. Dice el autor que cuando las cosas volvieron a lo normal, no quiso sumarles a los diez años de esa “situación tan precaria”, un año más escribiendo el tema y otros dos años seguidos promocionando el libro. “Era como volver a ponerme detrás de los barrotes de esa cárcel (…). Además, quería estar seguro de saber cuál era el final del relato. Quería tener la certeza de que cuando pusiera la palabra fin, era verdaderamente el fin”.

En la entrevista, Rushdie también dio su análisis sobre la forma como se abordó la tragedia de la revista satírica ‘Charlie Hebdó’, en 2015, y la reacción de la gente y los medios: “Pensé que nadie había aprendido absolutamente nada, y eso fue deprimente. Porque nadie había leído ese periódico, era una revista que estaba en las puertas de la muerte, que vendía 20.000 ejemplares, y no creo que ningún musulmán francés hubiera leído ‘Charlie Hebdó’ ni se hubiera sentido insultado. Uno tiene que haberlo leído para sentirse ofendido. Era una serie de caricaturistas envejecidos, radicales del 68, que se divertían los unos con los otros y eran personajes a los que se les tenía admiración en Francia. Luego llegan personas y los asesinan, y hubo personas de la izquierda, lo que es deprimente, que no estaban dispuestas a defenderlos. Era un verdadero escándalo porque una de las cosas sobre los prejuicios es que aparentemente les son indiferentes a la verdad. ‘Le Monde’, después del incidente, hizo una investigación sobre 10 años de la primera página de ‘Charlie Hebdó’, y ¿saben cuántas tenían que ver con el islam? Seis. Muchas más criticaban al papa y a Sarkozi. Entonces era una revista antifascista, antiestado, y se la acusaba de todo lo contrario, simplemente por personas ignorantes de lo que representaba".

El tema de la charla pasó, cerca del final, por la novela reciente, por la relación de esta con la elección de Trump y los rasgos que hay del presidente estadounidense regados en ciertos personajes de ‘La decadencia de Nerón Golden’: 

“La mayor parte de la novela no tiene que ver con Trump. Hace una aparición. La gente dice que se debe tener cuidado de no escribir sobre acontecimientos demasiado cercanos; tengo la impresión de que en algún texto de Hemingway, él dice que es mejor el matador que se acerca más al toro. Al tratar de escribir un libro en el momento exacto de los acontecimientos, se da esa sensación de estar toreando muy cerca. Pero es emocionante, de pronto estúpido y fatal, pero emocionante. Sientes que si lo haces mal, el libro va a ser irrelevante inmediatamente, como un periódico de ayer. Pero si tienes suerte, vas a poder capturar un momento de la historia. Creo que algunas de las grandes novelas han logrado hacer eso. Por ejemplo, ‘El Gran Gatsby’. Quise hacer eso. Pero si las elecciones hubieran tenido un desenlace diferente, no hubiera tenido que trabajar mucho el texto, porque el texto no es sobre Trump sino sobre la polarización en un país que no se pone de acuerdo acerca de la verdad y el narrador; un joven cineasta está muy preocupado por la verdad, y esa preocupación sigue independientemente de quien hubiera ganado.

Yo no pensé que Trump fuera a ganar las elecciones. Yo fui a votar y dije: ‘Esta noche tendremos una presidenta’. Mi libro sabía qué iba a pasar, pero yo no sabía. Sí ven la sabiduría de una novela. La lógica del libro fue una demostración de algo que para mí es muy cierto y es que la obra de arte es más cierta que el artista, la obra sabe cosas que el artista ignora o no es consciente”. 

En medio de la charla, Rushdie hizo énfasis en su nueva nacionalidad, la estadounidense, y en su relación con ese personaje suyo Nerón Golden, que llega a rehacer allí su vida. “Sin embargo –explicó–, quería que el narrador de su historia no fuera yo, quería que fuera alguien opuesto a mí, mucho más joven, que estuviera en sus años veinte y que esa juventud fuera el ángulo desde el que viéramos la historia. Ese narrador nació y creció en Nueva York, y vemos cómo está viendo el actuar de estos inmigrantes”. Fuente : El Tiempo

 

Un centenar de artistas e intelectuales francesas lanzó hoy un manifiesto en el que critican el "puritanismo" de la campaña contra el acoso desatada a raíz del caso Weinstein, y defienden la "libertad de importunar" de los hombres, que consideran "indispensable para la libertad sexual".

"La violación es un crimen. Pero el flirteo insistente o torpe no es un delito, ni la caballerosidad una agresión machista", dicen personalidades como la actriz Catherine Deneuve, la escritora Catherine Millet, la editora Joëlle Losfeld o la actriz Ingrid Caven en la tribuna, publicada hoy en el diario "Le Monde".

Aclaran que "no se sienten representadas por ese feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, adquiere el rostro de un odio a los hombres y su sexualidad", en alusión al movimiento "#metoo" ("yo también"), que surgió para denunciar en las redes sociales casos de abusos machistas.
También se refieren a ese movimiento como "justicia sumaria", que juzga a hombres "cuyo único error fue haber tocado una rodilla, tratado de robar un beso" o "hablar de cosas 'íntimas' en una cena profesional".

Si bien reconocen que el caso Weinstein dio lugar a una "toma de conciencia" sobre la violencia sexual contra las mujeres en el contexto profesional, lamentan que ahora se favorezca los intereses de los "enemigos de la libertad sexual" o de los "extremistas religiosos".

El escándalo de abusos del productor Harvey Weinstein, destapado el pasado octubre por el periódico estadounidense "The New York Times", desató una ola de denuncias por parte de muchas actrices que acusaron a actores como Kevin Spacey o Dustin Hoffman. Fuente : El Espectador